Salud mental y COVID-19: retos y aprendizajes

10 octubre 2021

Ansiedad, depresión, miedo a la incertidumbre… Son algunos de los síntomas de lo que los especialistas llaman “estrés postraumático”. Los trastornos mentales asociados a lo que hemos vivido durante la pandemia son evidentes, aunque también hemos aprendido que el ser humano es extremadamente resiliente y capaz de sacar lo mejor de él en situaciones extremas. 

Hoy, Día Mundial de la Salud Mental, hablamos con dos becarios de la Fundación ”la Caixa” que nos explican por qué no todos lo hemos vivido y sentido del mismo modo: María Reneses Botija, psicóloga e investigadora de la Universidad de Comillas de Madrid, donde estudia sobre cibercrimen y menores y Gonzalo Martínez-Alés García, investigador de la Unidad de Epidemiología Psiquiátrica de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Columbia, en Nueva York.

Los jóvenes y las comunidades vulnerables, los más afectados

“No es lo mismo un confinamiento en 30 m² que en 200, y la conciliación con las escuelas cerradas o con las aulas confinadas se sobrelleva mejor cuando puedes permitirte pagar a alguien para que se quede con los niños mientras trabajas”, señala María. “Son lo que llamamos los determinantes sociales de la salud que hacen que una persona tenga una esperanza de vida diferente y distintas probabilidades de enfermar en función, entre otras cosas, del barrio donde vive”.

María Reneses Botija es psicóloga e investigadora de la Universidad de Comillas de Madrid.María Reneses Botija es psicóloga e investigadora de la Universidad de Comillas de Madrid.

Además de un mayor riesgo de padecer depresión y ansiedad o de consumir psicofármacos, hay otro elemento a tener en cuenta en situaciones límite: el apoyo social. ¿Quién podrá cuidar de los niños? ¿Y de mis padres ancianos? En estas situaciones, recibir ayuda de familiares y amigos, o de un vecino, puede resultar terapéutico o cuanto menos mitigar el riesgo de enfermar. 

Este es uno de los aprendizajes de esta pandemia, señala María: “Poner en valor la importancia del apoyo social y de las redes comunitarias, y reconocer que somos seres dependientes, frente a la ficción de la autonomía individual. Algo tan básico y a la vez tan crucial como que necesitamos a los otros para sentirnos bien y que esto tiene efectos importantes en nuestra salud”.

Los jóvenes, en su conjunto, han sido uno de los colectivos que más han sufrido un empeoramiento de la salud mental asociado a la pandemia y el confinamiento. “Han pasado más tiempo conectados a las redes sociales. Esto, en ocasiones, se ha unido a una mala convivencia intrafamiliar y sentimientos de soledad y aislamiento. Como resultado, una mayor vulnerabilidad en las víctimas ha hecho que el ciberacoso, el acoso sexual y el abuso de menores on-line se hayan incrementado durante estos dos últimos años”, explica María mencionando algunas de las conclusiones del proyecto europeo de investigación Rayuela, liderado por la Universidad de Comillas de Madrid.

Cuando el necesitado es el cuidador

Aunque a priori resulte difícil encontrar aspectos positivos, Gonzalo Martínez-Alés García nos remite a la respuesta de familias, colegios y barrios para atender las necesidades sociales, económicas y de salud mental de sus comunidades. También ha resultado en una mejora del conocimiento y percepción del trabajo de las personas que atienden en primera línea, como enfermeras, trabajadores sociales o médicos de atención primaria y hospitalaria.

Gonzalo Martínez-Alés García es investigador de la Unidad de Epidemiología Psiquiátrica de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Columbia, en Nueva York.Gonzalo Martínez-Alés García es investigador de la Unidad de Epidemiología Psiquiátrica de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Columbia, en Nueva York.

“El trabajo bajo presión al que se han visto expuestos los sanitarios ha provocado también un aumento de problemas de salud mental entre los trabajadores de los servicios de la salud pública, similares a los del personal clínico”. El sistema no estaba preparado para esto y la mayor parte de la atención inicial llegó a través de cuidados informales y de apoyo entre pares, según han podido analizar. Y aunque finalmente se han implementado programas especializados sobre salud mental, estos han tenido en general una baja aceptación entre los sanitarios. Sobre ello, señala Gonzalo: “Un desafío pendiente es identificar y eliminar las barreras que dificultan que estos trabajadores accedan a intervenciones apropiadas”.

Visto lo visto, solo nos queda aprender y prever una mejor respuesta en el futuro. Y aquí viene la lección en materia de salud mental: “Quizá lo más importante sea establecer sistemas de atención a la salud mental robustos, con suficientes recursos humanos y técnicos para mantenerse en funcionamiento e incluso aumentar su actividad aun en situaciones de colapso de otros componentes del sistema”, concluye Gonzalo.

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