La meta es la supervivencia de todas

19 octubre 2021

En el 2020, 34.088 mujeres fueron diagnosticadas con cáncer de mama en España. Es decir, cada día son casi 100 las mujeres que reciben una noticia que, de repente, cambia sus prioridades y su realidad. Sin embargo, gracias a la investigación y a la prevención, más del 90 % de estas mujeres sobrevivirán al menos cinco años después de su diagnóstico. Y, de hecho, son cada vez más las que, tras un tratamiento inicial, siguen sin rastro de la enfermedad 10 años después.

Hoy, con motivo del Día Mundial contra el Cáncer de Mama, hablamos con las becarias de la Fundación ”la Caixa” Judith Balmaña y Nuria Oliva, quienes, a pesar de las mejoras continuadas de la supervivencia en los últimos años, solo darán por buena la cifra cuando sean todas las pacientes que sobrevivan, y lo hagan con la mejor calidad de vida posible. 

Dos historias personales y un mismo objetivo vital

Judith y Nuria han conocido de cerca no solo a la enfermedad como científicas, sino también a mujeres con cáncer de mama cuya experiencia impactó en sus trayectorias vitales. 

La historia de Judith se remonta a sus años de estudiante de Medicina. Durante un verano de voluntaria en el Hospital MD Anderson, en Houston, conoció a una paciente joven de Barcelona que se trasladó a los Estados Unidos en busca de un tratamiento mejor. “Me impactó mucho su fuerza para superar la enfermedad y me sentí atraída por esta especialidad, que combina la investigación con la compasión y la empatía si la curación no es posible”, explica Judith.

Judith Balmaña. Oncóloga, directora del grupo de Genética del Cáncer Hereditario y adjunta en la unidad del cáncer de mama del servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona.Judith Balmaña. Oncóloga, directora del grupo de Genética del Cáncer Hereditario y adjunta en la unidad del cáncer de mama del servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona.

Para Nuria, la enfermedad de su abuela, cuando ella era todavía una niña, fue el detonante. “Fui testigo de los efectos secundarios tan devastadores de la quimioterapia. Empecé la carrera de Química con la mentalidad de desarrollar nuevos fármacos para el cáncer y acabé interesada por la nanotecnología. Años más tarde, hice mi doctorado sobre biomateriales y el resto, como dicen, es historia”.

Nuria Oliva. Líder de grupo Smart bio- and nano-materials to tackle human disease del Imperial College London.Nuria Oliva. Líder de grupo Smart bio- and nano-materials to tackle human disease del Imperial College London.

Dos décadas después, Judith es directora del grupo de Genética del Cáncer Hereditario en el VHIO —uno de los mejores centros de oncología del mundo— y adjunta en la unidad del cáncer de mama del servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Vall d'Hebron de Barcelona. Allí, lidera un equipo multidisciplinar con el fin de comprender y tratar cada vez mejor el cáncer de mama hereditario, responsable del 10 % de los tumores diagnosticados. 

A más de 1.000 km de distancia, Nuria dirige su propio laboratorio en el Departamento de Bioingeniería del Imperial College London. Su equipo desarrolla biomateriales inteligentes para la regeneración de tejidos y la administración de fármacos para abordar enfermedades humanas complejas como el cáncer.

Buenas noticias contra el cáncer de mama

Las mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2 son uno de los biomarcadores del cáncer de mama hereditario. “Las mujeres que portan una mutación en uno de estos genes tienen entre dos y seis veces más probabilidades de desarrollar cáncer de mama que la población general, aunque depende mucho del tipo de mutación y de la combinación con otros factores genéticos y ambientales”, explica Judith. 

Hace solo unos meses, el equipo internacional que lidera el ensayo clínico OlympiA presentó nuevos resultados que suponen una muy buena noticia para las pacientes con cáncer de mama temprano y alteraciones en los genes BRCA. Demostraron que el olaparib —un fármaco utilizado para tratar el cáncer de ovario— reduce el riesgo de recaída en estas pacientes. “Su uso durante un año después del tratamiento estándar demostró una mejora clínicamente muy significativa en la reducción del riesgo de recaída de la enfermedad y, por lo tanto, una mayor probabilidad de cura”, dice Judith, que es una de las investigadoras del proyecto. 

Estos resultados se suman a la tendencia positiva en los últimos años. El desarrollo de técnicas como la biopsia líquida, la secuenciación de nueva generación (NGS), la inmunoterapia o la medicina personalizada han supuesto una auténtica revolución en el diagnóstico y el tratamiento del cáncer. “Los avances en los últimos 10 años han sido enormes; desde mejoras en la detección temprana hasta una cirugía menos invasiva y terapias más dirigidas y menos tóxicas”, dice Judith. “Las pacientes ahora tienen más posibilidades que nunca de superar la enfermedad”.

Nanosoluciones para los grandes retos del cáncer

Otra de las disciplinas que han irrumpido con fuerza en la biomedicina en las últimas dos décadas es la nanotecnología. Buen ejemplo de ello es el trabajo de Nuria, quien en su laboratorio desarrolla aplicaciones innovadoras basadas en partículas de menos de 100 nanómetros de tamaño. “Nuestra investigación en el caso del cáncer metastásico se centra en el uso de nanotecnología para liberar únicamente la quimioterapia en las células cancerígenas, pero no en las células sanas. El objetivo es eliminar así los indeseables efectos secundarios que no solo ponen en riesgo a los pacientes, sino que también empeoran considerablemente su calidad de vida”.

Las náuseas, el cansancio o la caída del cabello son los efectos más conocidos de la quimioterapia. Sin embargo, en los casos más graves, los pacientes pueden estar postrados en cama durante semanas, sufrir infecciones e incluso daños en los nervios. “Esto se debe al hecho de que la quimioterapia puede atacar células sanas, como las células de la médula ósea o del sistema digestivo. A pesar de la llegada al mercado de nuevos fármacos diana con la promesa de reducirlos, lamentablemente la lista de los efectos secundarios sigue siendo larga”, señala.

Si bien esta tecnología aún está en desarrollo, Nuria está convencida de que algún día llegará a las pacientes, a las que envía un mensaje optimista: “No estáis solas. Existe toda una comunidad de científicos/as e ingenieros/as alrededor del mundo investigando con tenacidad implacable para entender las causas biológicas y genéticas del cáncer, para encontrar nuevas terapias, para mejorar la calidad de vida de las pacientes, y tantos otros aspectos de esta enfermedad”, concluye.

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