Necesitamos una pirámide demográfica estable de investigadores

22 febrero 2016

Lluís Ribas de Pouplana tiene el corazón y la mente divididos. Por una parte, Ribas es un investigador ICREA que investiga sobre síntesis de proteínas en el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona. Y, por otra, ha fundado y dirige la investigación de una empresa que desarrolla nuevos antibióticos y antifúngicos.

¿Cómo conviven estos dos perfiles: emprendedor e investigador?

En realidad conviven mal. No hay una manera fácil de compaginar una vida profesional como la mía, que incluye investigar en un centro académico, y al mismo tiempo sacar adelante una empresa de investigación y transferencia. De manera que yo intento separar el trabajo que hago en mi empresa de la investigación que hago en el IRB. Pero no es fácil. Es como tener cada uno de los pies en un caballo diferente. Puedes mantener el equilibrio si no se juntan pero también si no se separan demasiado. Además, también hay un problema de gestión del tiempo y, en definitiva, de gestión de tu vida. 

Entonces, ¿no lo recomiendas?

Sí, claro que sí. A pesar de todo, se lo recomiendo a todos aquellos investigadores que quieran implicarse en el proceso de transferencia para buscar salidas aplicadas a su investigación. Hoy en día, en España, investigas, publicas y aquí termina tu trabajo como investigador. Las posibilidades de que un resultado académico acabe desarrollándose y convirtiéndose en una aplicación práctica son pequeñas. 

Así pues, ¿de qué sirve la investigación?

Bien, los resultados quedan publicados y son tu contribución al conocimiento. De una forma u otra, en los últimos años esto está cambiando.  Los institutos de investigación empiezan a tener oficinas de transferencia que se encargan de identificar resultados interesantes que puedan convertirse en mejoras reales para la sociedad. Pero para poder profesionalizar al máximo la transferencia hay que tener personas que conozcan este proceso. Aquí, hoy por hoy, nos faltan el know-how y la estructura. 

¿Hemos hecho las cosas bien en materia de investigación?

En Cataluña hace 15 años empezamos un proyecto de estructuración de la investigación bien pensado que se basaba en dos pilares: por una parte, la generación de una carrera de investigación no funcionarial basada en la excelencia con los ICREAS y los SERRA HUNTER. Y, por otra, la creación de centros de investigación de la Generalitat de altísimo nivel como el Centro de Regulación Genómica, el Instituto de Investigación Biomédica, el Instituto de Ciencias Fotónicas, etc.

¿Y cómo ha afectado a la crisis a este sistema?

Como esta estructura era estable por sí misma, la crisis ha frenado su crecimiento pero no la ha hundido.

Hablas de Cataluña. ¿Qué ha ocurrido en el resto del Estado?

En lugar de intentar generar una base estructural, se generaron programas dispersos como el Ramón y Cajal, por ejemplo. Este programa es muy competitivo, pero es mucho más sensible a las fluctuaciones de las finanzas y se encuentra con contradicciones como, por ejemplo, la de ofrecer contratos de cinco años a investigadores pero, en cambio, no ofrecer sistemas a los institutos de investigación para estabilizar a estas personas a posteriori. 

¿Cómo ves el futuro de los jóvenes investigadores que salen ahora de la carrera?

Negro. Uno de los principales problemas hoy día en todo el Estado es que no existe una carrera investigadora clara como en Francia, por ejemplo. Aquí, si te quieres dedicar a la investigación, para empezar, tienes que ser extraordinario. Si lo eres, conseguirás una beca que te permitirá hacer la tesis en un laboratorio y, a partir de ahí, el futuro es incierto. 

¿Cuántos jóvenes salen de las carreras cada año y quieren dedicarse a la investigación?

¡No se sabe! Una cosa que me parece gravísima es que no conocemos la estructura de la pirámide demográfica de los investigadores. Es básico tener una idea clara de cuánta gente tienes en cada nivel para aplicar cambios coyunturales que lleven a una pirámide poblacional estable. 

¿Tú tuviste claro desde pequeño que te querías dedicar a la investigación?

De muy pequeño me gustaban los animales, así que pensé en hacerme zoólogo. Ahora bien, llegó un día, que recuerdo perfectamente, en el que un maestro, a quien también recuerdo perfectamente, nos explicó que todo se basa en un sistema de codificación universal: el ADN. Aquella noción fue reveladora para mí y decidí hacerme biólogo molecular.

¿Y por qué te ha interesado la síntesis de proteínas?

Pues por dos motivos. Por una parte, desde el punto de vista filosófico, me interesa entender el origen y la evolución de la vida, y eso va ligado a la síntesis de proteínas. Y desde el punto de vista biomédico, me interesa porque las alteraciones en este proceso están conectadas a enfermedades mitocondriales, metabólicas y otras. La síntesis de proteínas es clave para muchas cosas. Muchos antibióticos, por ejemplo, son inhibidores de la síntesis de proteínas de las bacterias.

¿Qué quieres descubrir antes de retirarte?

Qué es lo que permite a las células eucariotas, es decir, a las células con núcleo como las humanas, producir proteínas que las bacterias no pueden producir. Tenemos una teoría, en mi grupo de investigación, y es que una de las razones por las que las especies se separan y unas quedan como formas más simples mientras otras crecen y se desarrollan es la habilidad para crear proteínas nuevas. No nos referimos a mutaciones puntuales en términos darvinianos clásicos, sino a la generación de proteínas completamente diferentes. 

¿Puedes poner un ejemplo?

Un buen ejemplo es la seda que producen algunos insectos y arañas. La seda es un polímero de una proteína denominada fibroína que sólo estas especies pueden producir. Queremos comprender qué adaptación evolutiva permite a un organismo crear una proteína nueva que antes no existía.

¿A quién te gustaría parecerte?

En la medida de lo posible, a dos investigadores que han marcado la historia de la biología: por una parte a Francis Crick, descubridor de la estructura del ADN, al que admiro por su capacidad imaginativa y su visión, y por otra parte a Fred Sanger, ganador de dos premios Nobel y la persona que creó las primeras tecnologías para secuenciar las proteínas y el ADN. Al contrario de Crick, tenía una mente práctica extraordinaria y una gran habilidad técnica.

La Obra Social “la Caixa” hace especial hincapié en la investigación en el marco del nuevo plan estratégico 2016-2019. Si lo pudieras decidir tú, ¿dónde invertirías el dinero?

En el cambio climático sin duda. No somos conscientes de lo que se nos viene encima, y estamos dedicando muy pocos esfuerzos a buscar soluciones para este problema. Estamos muy centrados en la investigación biomédica, lo que está bien, pero hemos de reconocer el riesgo que el cambio climático representa para la humanidad.

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